1983 · Japón
Nintendo Famicom / NES
Sacó a la industria de la crisis del 83 con cartuchos con chip de bloqueo y una mascota de mono con corbata que ya conocés.
Josefina Bernhardt - 374895 - Grupo N1.5D
Antes de los monitores 4K existía un ritual: soplar el cartucho, esperar a que la tele calentara y ver el fósforo encenderse. Esta es una guía de consolas, tubos de rayos catódicos y la cultura que crearon juntos.
Cinco máquinas, cinco formas distintas de sentarse frente al tubo.
1983 · Japón
Sacó a la industria de la crisis del 83 con cartuchos con chip de bloqueo y una mascota de mono con corbata que ya conocés.
1988 · Japón
16 bits, actitud de recreativo y un erizo azul que corría más rápido que la competencia, al menos en el marketing.
1989 · Portátil
Pantalla verdosa, cuatro pilas AA y la certeza de que el recreo también podía ser una consola.
1994 · Japón
Cambió el cartucho por el CD y convenció a una generación de que los polígonos eran el futuro.
1996 · EE. UU./Japón
El joystick analógico llegó para quedarse, con un control de tres agarres que todavía divide opiniones.
1998 · Japón
La última consola de Sega y la primera con módem integrado para jugar en línea desde el living.
Cómo fueron cambiando la tecnología detrás de la pantalla y los bits detrás del juego.
El tubo de rayos catódicos (CRT) empieza a fabricarse en serie: un cañón de electrones pinta la imagen línea por línea, 60 veces por segundo.
La Magnavox Odyssey se conecta al televisor familiar y convierte por primera vez ese tubo en una pantalla de juego.
NES llega a Occidente y aprovecha el barrido entrelazado del CRT, que disimula bordes dentados y da vida a los sprites.
PlayStation y Nintendo 64 exigen más del tubo: más resolución, más color, más calor saliendo de la carcasa.
Las pantallas LCD y plasma se vuelven más baratas que un CRT y, en pocos años, la fabricación de tubos se detiene casi por completo.
Jugadores de speedrun y coleccionistas buscan CRTs por su latencia mínima y sus colores, imposibles de clonar del todo en digital.
Si tenés uno en casa —o cazaste uno en una feria americana— estas reglas alargan su vida.
Nunca lo tapes ni lo encierres en un mueble cerrado: el tubo trabaja con alto voltaje y genera calor real.
Parlantes o imanes cerca de la pantalla pueden desmagnetizar el tubo y dejar manchas de color permanentes.
Los menús de pausa por horas pueden quemarse en el fósforo. Un salvapantallas de época no es solo estética.
El tubo conserva carga eléctrica incluso desenchufado. La reparación interna es trabajo de un técnico.